Hasta ahora, ningún país ha aprobado la comercialización de granos genéticamente modificados de trigo. Sin embargo, esto podría cambiar muy pronto. La empresa local argentina Bioceres, en colaboración con la francesa Florimond Desprez desarrolla una semilla de este cereal tolerante a la sequía. En campañas agrícolas con escasez de lluvias, esta tecnología permitiría aumentar hasta un 20% el volumen de alimento cosechado.
No obstante, el Gobierno de Mauricio Macri duda en asumir el liderazgo mundial por la oposición mayoritaria del campo. Los productores alegan que el trigo transgénico podría cerrarles mercados debido al rechazo de los consumidores, que ya llevó a desistir a multinacionales como Monsanto.
"Cada vez que alguien plantea algo que sale de los usos y costumbres aparece un acto reflejo inicial a no cambiar las cosas. Tendemos a pensar que lo haga primero un americano, un europeo, un asiático y cuando sea normal lo hacemos nosotros. El desafío es quebrar esa lógica y que nos animemos a liderar. Tenemos una tecnología que puede ser importante para el planeta en su conjunto",asegura el titular de Bioceres, Federico Trucco.
En 2018, el país latinoamericano registró la peor sequía de sus últimos 50 años, con la consiguiente pérdida de hasta el 40% de su cosecha. Con la semilla HB4 podrían haberse obtenido dos millones más de toneladas de trigo en esa campaña, un 10% del volumen total del trigo cultivado en el país austral.
Esta tecnología ha sido desarrollada por investigadores de la Universidad del Litoral a partir de un gen de girasol que le confiere la capacidad de tolerar la escasez de lluvias. Es también resistente al herbicida Prominens.
"Valoramos que nos da una herramienta de control de malezas y resistencia física, pero creo que estamos empezando de atrás para adelante. Es un trigo que nadie quiere. En Canadá y Australia las multinacionales que estaban ensayando con trigo transgénico lo abandonaron, no porque no fuese negocio sino porque los consumidores no lo quieren”, advierte Santiago Rodríguez Ribas, productor de la localidad bonaerense de General Villegas. Entre las empresas que dejaron de lado el trigo transgénico está Monsanto, que renunció en 2004 al intento de comercializar una semilla de este cereal resistente al glifosato.
En el último año, Argentina aprobó 12 nuevos eventos transgénicos, que incluyen nuevas variedades de soja, maíz, alfalfa y patata. El trigo HB4 ha pasado el filtro del Senasa y la Conabia, los organismos nacionales que garantizan la ausencia de riesgos para la salud y el medio ambiente. Le falta el último: la autorización comercial de la Secretaría de Agroindustria.
Esta secretaría se opone de momento a su aprobación por el riesgo de perder mercados. La de Ciencia, en cambio, es favorable a impulsar un desarrollo tecnológico propio. Macri ya se ha reunido con los titulares de ambas dependencias oficiales junto a Trucco y otras voces relevantes en el debate y pidió un par de meses para evaluar la situación. En ese plazo, Bioceres buscará convencer a los importadores de trigo argentino, encabezados por Brasil, para que acepten el producto.



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